LA
PRESENTACIÓN
Presentar un Pastor Alemán
en una exposición no consiste en "llevarlo" simplemente a ella,
y esperar que todos se "deslumbren" con su apariencia. Presentar un Pastor
Alemán es una difícil tarea, que sólo se aprende con
la práctica, y que conlleva un duro trabajo de preparación
previo.
La presentación
es casi tan importante como la propia calidad individual del perro en sí
mismo. Se puede decir que el mejor de los perros, mal presentado, no tendrá
opción alguna en las exposiciones, y sin embargo un perro bien preparado,
aunque no llegue a ser tan bueno, seguro que obtendrá una mejor
clasificación.
Y es que la
FORMA DE EXHIBIR las cualidades del perro (y también la de no evidenciar
sus posibles defectos) produce la IMPRESIÓN DE CONJUNTO que juez,
público y todo el mundo aprecia.
("El perro es como
es, pero se le vé tal y como se muestra").
La presentación es una labor de equipo. El perro es uno de los miembros
de ese equipo de trabajo, y debe estar perfectamente acostumbrado al
papel que debe desempeñar. Los dos "auxiliares" que entran en concurso
son: el presentador o "handler" ("manejador"), y el "llamador" o "motivador".
Debe existir
una perfecta sincronía y entendimiento entre estos tres componentes
para que la exhibición resulte lo más perfecta posible.
EL PRESENTADOR O "HANDLER"
Es, junto con
el perro, quien vá a "dar la cara" en el ring, y su actitud también
influye directamente en el éxito de la presentación. La "soltura"
del presentador en el manejo del perro y de la correa, y la "corrección"
de sus formas también sirven para enaltecer las cualidades de aquel.
Por el contrario, una presentación "atropellada", "tensa", "desordenada",
o "con malos modos" influye muy desfavorablemente.
La experiencia
es muy importante, qué duda cabe, pero lo es más aún
el propio talante, la sensibilidad y la preparación previa del presentador.
El presentador
ha de ser siempre una persona templada en su carácter, con buen
espíritu deportivo, experta en el manejo de perros y buen conocedor
de las características de la raza. Muy aconsejable, sino imprescindible,
es que el handler conozca perfectamente al perro que presenta, pues de
ese modo sabrá anticiparse a sus posibles reacciones, conducirlo
controladamente en todo momento, hacerle "entrar en situación",
y darle en todo momento lo que precise (más o menos correa, más
o menos "gas", un poco de "respiro", alternar la tensión con momentos
de relajación, recompensarlo con palabras o caricias, animarlo,
etc. etc.)
El "tándem"
perro-presentador debe estar perfectamente compenetrado, y ofrecer una
imagen de conjunto lo más armónica posible. La ausencia de
"brusquedades", de "tirones" incontrolados, de "despistes" del perro de
su guía, etc. mejoran sustancialmente la presentación y la
imagen, por tanto, que se ofrece.
Por otra parte,
se dice coloquialmente que un buen presentador ha de tener al menos "cuatro
ojos".
Uno para vigilar la forma
en que su perro se presenta y corregirlo si se precisara. Otro para controlar
los momentos en los que el juez le está prestando atención,
y también para seguir exactamente sus indicaciones. Un tercero para
controlar al perro y presentador que le preceden. Y el cuarto para hacer
lo propio con el que lo sigue en la clasificación provisional. De
la buena atención del presentador a estos cuatro "puntos cardinales"
puede depender una buena o una mala clasificación al final.
La labor del
presentador consiste en hacer resaltar en todo momento las virtudes del
perro que conduce, por encima de los posibles defectos que posea. El perro
"perfecto" no existe, ni nunca existirá, y todos tienen ciertas
cualidades, pero también siempre puede objetárseles algún
aspecto en relación con el "ideal" del estándar. La "magia"
del presentador debe hacer que los defectos "desaparezcan", o se oculten
detrás de los mejores aspectos del perro.
No se trata,
por supuesto, de "enmascarar" defectos mediante artificios o manipulaciones,
lo cual es plenamente reprochable y sancionable, por cuanto supone un intento
de fraude a juez, público y afición en general, además
de un total desprecio por el propio animal, y ésto ya pudiera
ser, en los casos más graves, suficiente motivo para apartar para
siempre a esas personas del mundo de la cinofilia.
El buen presentador
no recurre a "artimañas", no le hace falta. Su "arte" u "oficio"
le bastan para saber cómo hacer "brillar" lo mejor de su perro,
y su respeto por él le impide realizar cualquier maniobra atentatoria
o vejatoria para él.
No obstante,
la "técnica" de presentación ha de incluir el valerse de
los lícitos recursos que estén a su alcance, de algunos "trucos",
bien fáciles de entender, que potencien la calidad del perro o que
puedan "disimular" algunas imperfecciones. Ésa SI es la labor de
un buen presentador.
EL "LLAMADOR" o "MOTIVADOR"
Es el tercer
componente del equipo de presentación.
Diríamos
que se hace indispensable en las Clases más jóvenes, y sobre
todo en los cachorros. Sin su concurso se "desluce" enormemente la presentación,
o incluso llega a hacerse imposible en el caso de los cachorros. Y con
los adultos, sometidos a pruebas mucho más duras, puede llegar un
momento en el que también sea necesaria esa "llamada de atención"
para motivar al perro en su esfuerzo.
La labor del
"llamador", sin embargo, se "entiende mal" y se "practica peor" en muchas
ocasiones. Más que "llamador", esta figura debe entenderse como
"motivador" del perro. No es necesario gritar, hacer aspavientos, correr
atropelladamente, hacer sonar "artilugios" mil, etc. (La algarabía
de las exposiciones puede llegar a ser todo un "espectáculo de locos"
en algunos casos). Se trata de "llamar la atención" del perro, de
incentivarlo para seguir adelante, y nada más.
Si decíamos
que el presentador debiera conocer muy bien al perro, en el caso del "llamador"
ésto ya no es suficiente. El encargado de motivar al perro ha de
ser necesariamente una persona "muy querida" por él. Tanto que éste
llegue a ser capaz de entregarse totalmente al esfuerzo que se le exija,
con tal de recibir la recompensa de acercarse a su llamador. La relación
llamador-perro ha de ser intensamente afectiva, por lo tanto, si pretendemos
hacer que "funcione" en las exposiciones. Un individuo vociferante corriendo
por delante del perro, y hacia el que éste no siente ningún
aprecio, no sirve absolutamente para nada. Y si en realidad lo aprecia,
lo termina por "aturdir" o lo "desconcierta" por su insólita actitud.
El trabajo
del motivador es realmente duro y difícil. Ha de ser capaz de seguir
la evolución del perro y "estar en todo momento donde éste
le necesite". Ésto requiere de un alto grado de concentración
y de un esfuerzo físico a veces considerable. (En el caso de los
cachorros, puede hacerse necesario un "ir y venir" constante para atraer
su atención y motivarlo).
El motivador
habrá de atenerse siempre a los requerimientos del presentador.
Éste, que maneja al perro y está dentro del ring con él,
habrá de ser el que dirija la actuación del llamador mediante
señas convenidas, como pueda ser alzar la mano. El motivador habrá
de estar atento siempre a estas señas para prestar la ayuda necesaria
en el momento en el que el presentador lo requiera, y también "estar
al quite" en los casos en los que el presentador pudiera "despistarse".
Si el presentador
decíamos que ha de tener "cuatro ojos", el motivador también
debe tener al menos "tres ojos". Uno en el perro siempre, otro también
siempre en el presentador, y un tercero (por si acaso) en el juez. Ha de
conseguir que el perro se "estire" y se "muestre" impecablemente en los
momentos en los que el juez se fije en él, que "rinda" su esfuerzo
cuando el presentador lo precise, y que no pierda la motivación
en todo el transcurso de la prueba. En cada receso o intermedio entre fases
de la competición o pruebas, el llamador ha de acudir a su perro,
felicitarlo con efusión, acariciarlo y recompensarlo por su entrega.
También ha de ocuparse de refrescar al perro, darle agua, y comprobar
y mantener su estado de forma física.
Cada perro
necesita un distinto tipo de estímulo, según sea su propio
carácter, pero la íntima relación entre él
y su llamador hará fácil encontrar el mejor sistema. Eso
sí, guardando en lo posible la "elegancia" del conjunto del equipo
en la presentación.
La actuación
del motivador debe ser siempre "puntual" y "discreta", nunca "constante"
y "desorbitada".
EL PERRO
El perro debe
sociabilizarse adecuadamente y acostumbrarle a dejarse abrir la boca y
a permanecer "en pose" desde muy temprana edad. Ya desde los dos meses
y medio o tres, debería dedicarse un minuto al día para colocarlo
en la postura de "stand" o "pose" característica de esta raza, y
a levantarle los belfos para dejar al descubierto su dentadura. No será
importante el tiempo que mantenga la posición, sino que se vaya
habituando a ese tipo de maniobras. Cuanto más tarde se comience
a realizar ese proceso de familiarización a estos manejos, más
difícil resultará después el conseguirlo, pues el
cachorro se "resistirá" más, y además tendrá
mayor fuerza para hacerlo.
Desde
los tres meses y medio, simultáneamente a lo anterior, el cachorro
deberá ir aprendiendo a prestar atención a su dueño,
que vá a ejercer el importante y duro papel de llamador-activador
del perro en las exposiciones, lo cual se logrará fácilmente
mediante el juego. Y al mismo tiempo también, se irá acostumbrando
al collar y a la correa, de forma que éstos no supongan para él
ningún tipo de "estorbo" del que quiera liberarse.
La mejor manera
de habituar al perro adecuadamente a la correa en un principio es de una
forma "natural", sin pretender que ande o se pare por efecto de la conducción
con la misma. Ha de ser el conductor el que acomode siempre su paso al
del cachorro, aunque eso sí, vigilando siempre que la correa esté
"tensa", pero nunca "tirante"; o en otras palabras, manteniendo la justa
tensión para que el perro se sepa "conducido", pero que nunca sienta
a su "conductor" como un "lastre", o que deje de advertir su presencia
al otro lado de la correa. Bien utilizada, la correa llega a ser un auténtico
vínculo entre el perro y el guía, un medio de transmisión
entre ambos, y para ello el guía de sus primeras experiencias con
este elemento ha de tener suficiente sensibilidad y tacto como para saber
potenciar ese efecto.
Habituado a
las manipulaciones de la boca (y de los testículos, que antes no
hemos mencionado, en el caso de los machos), a mantenerse posado, a atender
a su dueño, y a estar sujeto por la correa, se podrá comenzar
el entrenamiento para el ring. Éste no debería comenzar nunca
antes de los cuatro meses y medio o cinco, y siempre con poca exigencia
física y/o psicológica para el cachorro, en períodos
de frecuencia casi diaria, si se quiere, pero de muy corta duración.
No conviene nunca "forzar" las situaciones, y si se hace preciso en cualquier
momento, habrá que interrumpir el entrenamiento. El perro, al final
de cada sesión debe quedar siempre con "buen sabor de boca", con
un "buen recuerdo" del momento. Se le ha de recompensar por el esfuerzo
mediante el juego, los elogios y las caricias.
El entrenamiento
para el ring requiere de un recinto similar, aunque sea de inferiores dimensiones,
pero con los mismos elementos. Se trata de que el perro aprenda a "circular"
por la "calle" delimitada por las cintas, sin intentar invadir el centro
del ring, ni tampoco intentar salirse hacia el exterior de él, a
mantenerse en esa calle, y además, lo más pegado posible
a la cinta interior, así como a tomar con soltura las curvas de
los ángulos o esquinas del ring.
Al mismo tiempo
ha de irse habituando a la cercanía de otros perros dentro del recinto,
por lo que el sistema ideal puede ser entrenar a varios a la vez, y a ser
posible distintos cada día. Es ésta la principal ventaja
de los Clubes o centros de adiestramiento, donde los cachorros se van acostumbrando
a esa presencia de otros congenéres realizando el mismo trabajo.
Posteriormente
habrá que habituarle a caminar al "fuss" (al "lado"), para las pruebas
sin correa, a sentarse y a mostrar total indiferencia ante un disparo de
fogueo, que no tiene por qué producirle ninguna reacción
adversa, pero que en una primera experiencia pudiera desconcertarle por
"pillarle de improviso".
Con ésto
tenemos al perro preparado para participar en exposiciones hasta los veinticuatro
meses, hasta la Clase Jóvenes, y después habrá de
plantearse la continuación en un periplo en las clases adultas,
mucho más exigente en todos los aspectos, y que precisará
de un perfeccionamiento de todo lo aprendido y en unos nuevos requisitos
a cumplir. Mucho más difícil, pero también, por ende,
mucho más gratificante.
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