¿Qué y cómo son? Tipos de Exposiciones Exp.Caninas de todas las razas Exp.Monográficas de pastor alemán La Sieger Calendario 2002 de exp. en España
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   LA PRESENTACIÓN
Presentar un Pastor Alemán en una exposición no consiste en "llevarlo" simplemente a ella, y esperar que todos se "deslumbren" con su apariencia. Presentar un Pastor Alemán es una difícil tarea, que sólo se aprende con la práctica, y que conlleva un duro trabajo de preparación previo.
   La presentación es casi tan importante como la propia calidad individual del perro en sí mismo. Se puede decir que el mejor de los perros, mal presentado, no tendrá opción alguna en las exposiciones, y sin embargo un perro bien preparado, aunque no llegue a ser tan bueno, seguro que obtendrá una mejor clasificación. 
   Y es que la FORMA DE EXHIBIR las cualidades del perro (y también la de no evidenciar sus posibles defectos) produce la IMPRESIÓN DE CONJUNTO que juez, público y todo el mundo aprecia.
("El perro es como es, pero se le vé tal y como se muestra").
   La presentación es una labor de equipo. El perro es uno de los miembros de ese equipo de trabajo, y debe estar perfectamente acostumbrado al  papel que debe desempeñar. Los dos "auxiliares" que entran en concurso son: el presentador o "handler" ("manejador"), y el "llamador" o "motivador".
   Debe existir una perfecta sincronía y entendimiento entre estos tres componentes para que la exhibición resulte lo más perfecta posible.

EL PRESENTADOR O "HANDLER"
   Es, junto con el perro, quien vá a "dar la cara" en el ring, y su actitud también influye directamente en el éxito de la presentación. La "soltura" del presentador en el manejo del perro y de la correa, y la "corrección"  de sus formas también sirven para enaltecer las cualidades de aquel. Por el contrario, una presentación "atropellada", "tensa", "desordenada", o "con malos modos" influye muy desfavorablemente.
   La experiencia es muy importante, qué duda cabe, pero lo es más aún el propio talante, la sensibilidad y la preparación previa del presentador. 
   El presentador ha de ser siempre una persona templada en su carácter, con buen espíritu deportivo, experta en el manejo de perros y buen conocedor de las características de la raza. Muy aconsejable, sino imprescindible, es que el handler conozca perfectamente al perro que presenta, pues de ese modo  sabrá anticiparse a sus posibles reacciones, conducirlo controladamente en todo momento,  hacerle "entrar en situación", y darle en todo momento lo que precise (más o menos correa, más o menos "gas", un poco de "respiro", alternar la tensión con momentos de relajación, recompensarlo con palabras o caricias, animarlo, etc. etc.)
   El "tándem" perro-presentador debe estar perfectamente compenetrado, y ofrecer una imagen de conjunto lo más armónica posible. La ausencia de "brusquedades", de "tirones" incontrolados, de "despistes" del perro de su guía, etc. mejoran sustancialmente la presentación y la imagen, por tanto, que se ofrece.
   Por otra parte, se dice coloquialmente que un buen presentador ha de tener al menos "cuatro ojos".
Uno para vigilar la forma en que su perro se presenta y corregirlo si se precisara. Otro para controlar los momentos en los que el juez le está prestando atención, y también para seguir exactamente sus indicaciones. Un tercero para controlar al perro y presentador que le preceden. Y el cuarto para hacer lo propio con el que lo sigue en la clasificación provisional. De la buena atención del presentador a estos cuatro "puntos cardinales" puede depender una buena o una mala clasificación al final.
   La labor del presentador consiste en hacer resaltar en todo momento las virtudes del perro que conduce, por encima de los posibles defectos que posea. El perro "perfecto" no existe, ni nunca existirá, y todos tienen ciertas cualidades, pero también siempre puede objetárseles algún aspecto en relación con el "ideal" del estándar. La "magia" del presentador debe hacer que los defectos "desaparezcan", o se oculten detrás de los mejores aspectos del perro.
   No se trata, por supuesto, de "enmascarar" defectos mediante artificios o manipulaciones, lo cual es plenamente reprochable y sancionable, por cuanto supone un intento de fraude a juez, público y afición en general, además de un total desprecio por el propio animal, y ésto ya  pudiera ser, en los casos más graves, suficiente motivo para apartar para siempre a esas personas del mundo de la cinofilia.
   El buen presentador no recurre a "artimañas", no le hace falta. Su "arte" u "oficio" le bastan para saber cómo hacer "brillar" lo mejor de su perro, y su respeto por él le impide realizar cualquier maniobra atentatoria o vejatoria para él. 
   No obstante, la "técnica" de presentación ha de incluir el valerse de los lícitos recursos que estén a su alcance, de algunos "trucos", bien fáciles de entender, que potencien la calidad del perro o que puedan "disimular" algunas imperfecciones. Ésa SI es la labor de un buen presentador.
 

EL "LLAMADOR" o "MOTIVADOR"
   Es el tercer componente del equipo de presentación.
   Diríamos que se hace indispensable en las Clases más jóvenes, y sobre todo en los cachorros. Sin su concurso se "desluce" enormemente la presentación, o incluso llega a hacerse imposible en el caso de los cachorros. Y con los adultos, sometidos a pruebas mucho más duras, puede llegar un momento en el que también  sea necesaria esa "llamada de atención" para motivar al perro en su esfuerzo.
   La labor del "llamador", sin embargo, se "entiende mal" y se "practica peor" en muchas ocasiones. Más que "llamador", esta figura debe entenderse como "motivador" del perro. No es necesario gritar, hacer aspavientos, correr atropelladamente, hacer sonar "artilugios" mil, etc. (La algarabía de las exposiciones puede llegar a ser todo un "espectáculo de locos" en algunos casos). Se trata de "llamar la atención" del perro, de incentivarlo para seguir adelante, y nada más.
   Si decíamos que el presentador debiera conocer muy bien al perro, en el caso del "llamador" ésto ya no es suficiente. El encargado de motivar al perro ha de ser necesariamente una persona "muy querida" por él. Tanto que éste llegue a ser capaz de entregarse totalmente al esfuerzo que se le exija, con tal de recibir la recompensa de acercarse a su llamador. La relación llamador-perro ha de ser intensamente afectiva, por lo tanto, si pretendemos hacer que "funcione" en las exposiciones. Un individuo vociferante corriendo por delante del perro, y hacia el que éste no siente ningún aprecio, no sirve absolutamente para nada. Y si en realidad lo aprecia, lo termina por "aturdir" o lo "desconcierta" por su insólita actitud.
   El trabajo del motivador es realmente duro y difícil. Ha de ser capaz de seguir la evolución del perro y "estar en todo momento donde éste le necesite". Ésto requiere de un alto grado de concentración y de un esfuerzo físico a veces considerable. (En el caso de los cachorros, puede hacerse necesario un "ir y venir" constante para atraer su atención y motivarlo).
   El motivador habrá de atenerse siempre a los requerimientos del presentador. Éste, que maneja al perro y está dentro del ring con él, habrá de ser el que dirija la actuación del llamador mediante señas convenidas, como pueda ser alzar la mano. El motivador habrá de estar atento siempre a estas señas para prestar la ayuda necesaria en el momento en el que el presentador lo requiera, y también "estar al quite" en los casos en los que el presentador pudiera "despistarse".
   Si el presentador decíamos que ha de tener "cuatro ojos", el motivador también debe tener al menos "tres ojos". Uno en el perro siempre, otro también siempre en el presentador, y un tercero (por si acaso) en el juez. Ha de conseguir que el perro se "estire" y se "muestre" impecablemente en los momentos en los que el juez se fije en él, que "rinda" su esfuerzo cuando el presentador lo precise, y que no pierda la motivación en todo el transcurso de la prueba. En cada receso o intermedio entre fases de la competición o pruebas, el llamador ha de acudir a su perro, felicitarlo con efusión, acariciarlo y recompensarlo por su entrega. También ha de ocuparse de refrescar al perro, darle agua, y comprobar y mantener su estado de forma física.
   Cada perro necesita un distinto tipo de estímulo, según sea su propio carácter,  pero la íntima relación entre él y su llamador hará fácil encontrar el mejor sistema. Eso sí, guardando en lo posible la "elegancia" del conjunto del equipo en la presentación. 
   La actuación del motivador debe ser siempre "puntual" y "discreta", nunca "constante" y "desorbitada".
 

EL PERRO
   El perro debe sociabilizarse adecuadamente y acostumbrarle a dejarse abrir la boca y a permanecer "en pose" desde muy temprana edad. Ya desde los dos meses y medio o tres, debería dedicarse un minuto al día para colocarlo en la postura de "stand" o "pose" característica de esta raza, y a levantarle los belfos para dejar al descubierto su dentadura. No será importante el tiempo que mantenga la posición, sino que se vaya habituando a ese tipo de maniobras. Cuanto más tarde se comience a realizar ese proceso de familiarización a estos manejos, más difícil resultará después el conseguirlo, pues el cachorro se "resistirá" más, y además tendrá mayor fuerza para hacerlo.
    Desde los tres meses y medio, simultáneamente a lo anterior, el cachorro deberá ir aprendiendo a prestar atención a su dueño, que vá a ejercer el importante y duro papel de llamador-activador del perro en las exposiciones, lo cual se logrará fácilmente mediante el juego. Y al mismo tiempo también, se irá acostumbrando al collar y a la correa, de forma que éstos no supongan para él ningún tipo de "estorbo" del que quiera liberarse.
   La mejor manera de habituar al perro adecuadamente a la correa en un principio es de una forma "natural", sin pretender que ande o se pare por efecto de la conducción con la misma. Ha de ser el conductor el que acomode siempre su paso al del cachorro, aunque eso sí, vigilando siempre que la correa esté "tensa", pero nunca "tirante"; o en otras palabras, manteniendo la justa tensión para que el perro se sepa "conducido", pero que nunca sienta a su "conductor" como un "lastre", o que deje de advertir su presencia al otro lado de la correa. Bien utilizada, la correa llega a ser un auténtico vínculo entre el perro y el guía, un medio de transmisión entre ambos, y para ello el guía de sus primeras experiencias con este elemento ha de tener suficiente sensibilidad y tacto como para saber potenciar ese efecto.
   Habituado a las manipulaciones de la boca (y de los testículos, que antes no hemos mencionado, en el caso de los machos), a mantenerse posado, a atender a su dueño, y a estar sujeto por la correa, se podrá comenzar el entrenamiento para el ring. Éste no debería comenzar nunca antes de los cuatro meses y medio o cinco, y siempre con poca exigencia física y/o psicológica para el cachorro, en períodos de frecuencia casi diaria, si se quiere,  pero de muy corta duración. No conviene nunca "forzar" las situaciones, y si se hace preciso en cualquier momento, habrá que interrumpir el entrenamiento. El perro, al final de cada sesión debe quedar siempre con "buen sabor de boca", con un "buen recuerdo" del momento. Se le ha de recompensar por el esfuerzo mediante el juego, los elogios y las caricias.
   El entrenamiento para el ring requiere de un recinto similar, aunque sea de inferiores dimensiones, pero con los mismos elementos. Se trata de que el perro aprenda a "circular" por la "calle" delimitada por las cintas, sin intentar invadir el centro del ring, ni tampoco intentar salirse hacia el exterior de él, a mantenerse en esa calle, y además, lo más pegado posible a la cinta interior, así como a tomar con soltura las curvas de los ángulos o esquinas del ring.
   Al mismo tiempo ha de irse habituando a la cercanía de otros perros dentro del recinto, por lo que el sistema ideal puede ser entrenar a varios a la vez, y a ser posible distintos cada día. Es ésta la principal ventaja de los Clubes o centros de adiestramiento, donde los cachorros se van acostumbrando a esa presencia de otros congenéres realizando el mismo trabajo.
   Posteriormente habrá que habituarle a caminar al "fuss" (al "lado"), para las pruebas sin correa, a sentarse y a mostrar total indiferencia ante un disparo de fogueo, que no tiene por qué producirle ninguna reacción adversa, pero que en una primera experiencia pudiera desconcertarle por "pillarle de improviso".
   Con ésto tenemos al perro preparado para participar en exposiciones hasta los veinticuatro meses, hasta la Clase Jóvenes, y después habrá de plantearse la continuación en un periplo en las clases adultas, mucho más exigente en todos los aspectos, y que precisará de un perfeccionamiento de todo lo aprendido y en unos nuevos requisitos a cumplir. Mucho más difícil, pero también, por ende, mucho más gratificante.
 


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LA "POSE" DEL PASTOR ALEMÁN


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