EL MOVIMIENTO DEL PASTOR ALEMÁN

La ancestral utilidad de esta raza como perro de pastor requería un tipo de animal capaz de recorrer grandes distancias en sus idas y venidas en pos del rebaño que conducía; un animal dotado de gran resistencia y fondo, con un movimiento de velocidad media y constante, ágil y desenvuelto.
El pastor alemán es por ello un perro eminentemente trotador. Su estructura anatómica se adecúa a las exigencias de un movimiento al trote sostenido, enérgico y resistente, a la par que fluído y fácil.
Todas las dimensiones y angulaturas que el estándar marca como ideales, responden a una máxima eficiencia en el desarrollo de ese movimiento al trote.
Ahora bien, aun teniendo una estructura apropiada, cada perro se produce en el movimiento de forma más o menos eficaz, y ello es debido a sutiles diferencias en determinados puntos de su anatomía, a distintos desarrollos músculo-esqueléticos y también al propio temperamento que posea.
La evaluación de las fases de movimiento en las exposiciones se hace, por tal motivo, tanto o más importante que la adecuación estructural en posición estática a los requisitos del estándar. Un perro excepcionalmente dotado anatómicamente, pero incapaz de demostrar su rendimiento al moverse, deja de ajustarse a las exigencias del estándar, y será penalizado en su clasificación o en su calificación. Por ésto, dicho sea de paso, no es correcto hablar de exposiciones "de belleza", ni de "líneas de belleza", puesto que no se trata de analizar en ellas si el perro es "bonito" o no, sino que lo que se evalúa es su aproximación al estándar tanto en lo anatómico como en lo psicológico y también, quizá sobre todo, en lo que se refiere a su eficiencia en movimiento. Sí que es cierto, sin embargo, que esta arquitectura de perro trotador no resulta tan efectiva para otro tipo de marchas o maniobras, como por ejemplo el galope o el salto; por ese motivo las estructuras de los perros de "trabajo", o mejor dicho de "otro tipo de trabajo", son bien diferentes y se apartan algo más del estándar.

El trote del pastor alemán nace del empuje ejercido por los miembros posteriores sobre el terreno. Esa fuerza impulsora se transmite a través de toda la estructura ósea, y muy particularmente a través de la columna vertebral, hasta el tren delantero, que desarrolla el movimiento por medio de los más amplios apoyos sobre el suelo, de forma tal que aprovecha todo el impulso para abarcar el mayor espacio posible, optimizando el desplazamiento obtenido de la fuerza motriz originaria.
La corrección y paralelismo de los aplomos, la longitud e inclinación del tarso y metatarso, tibia y peroné, fémur, grupa, región lumbar y dorsal, la escápula, el húmero, el cúbito y el radio, los carpos y metacarpos, responden todos a la mayor eficacia del movimiento y de la mejor transmisión del impulso posterior hasta el anterior. Las alteraciones de esas medidas y angulaciones ideales restan la capacidad de desarrollar ese trote amplio, fluído y sostenido.
Así, por ejemplo, la incorrección de aplomos y paralelismo en los cuartos traseros se traducirán en una menor fuerza de empuje; por otra parte, se producirán importantes pérdidas de fuerza impulsora si las angulaciones posteriores son escasas o si existe una sobreangulación, y también si la línea dorsal presenta ensilladura, encarpadura, algún tipo de interrupción o falta de firmeza. Con ésto, el impulso que llegará al delantero será menor, faltando energía suficiente para desarrollar el movimiento.
Por otra parte, la escasa longitud de los huesos del delantero, su falta de angulación, la incorrección de los aplomos o en las manos, incapacitarán para desplegar y transformar el impulso que le llega en amplios pasos que cubran el mayor espacio posible.
Todo el conjunto anatómico funciona, pues, como una "máquina", en la que no puede fallar ningún componente para obtener el máximo rendimiento, y a veces en estática no se pueden apreciar algunos fallos que sí se manifiestan claramente en las fases de movimiento. De ahí la gran importancia que se concede a estas fases en las exposiciones, que algunas personas no cercanas a la raza parecen a veces no entender bien.

En el movimiento, el juez valora fundamentalmente tres aspectos:

a) El empuje trasero (origen del mismo),
b) La firmeza del conjunto y de la línea dorsal ("correa de transmisión" del movimiento), y
c) La amplitud del paso en el delantero (o rendimiento final obtenido).

Hay además cuatro fases fundamentales para la total evaluación:
1) Fase de examen de los aplomos (en la que el perro camina de frente y de espaldas al juez).
2) Fase de movimiento al paso (que se desarrolla en las constantes circulaciones alrededor del juez de la prueba colectiva).
3) Fase de movimiento "rápido" (en la que se dá una o varias vueltas al trote, para analizar la amplitud del paso, que no la "velocidad", como algunos noveles parecen entender).
4) Fase de movimiento al "fuss" (en la que el perro trota al lado de su conductor, libre y sin correa, para evidenciar que el perro no se "apoya" en la correa y que además mantiene la atención sobre su guía).

Volver atrás