(El MUNDO DEL PERRO
nº 2/97)
EL PASTOR ALEMAN

El Pastor Alemán es
un perro que despierta pasiones : altivo, elegante, eficaz en todo tipo
de tareas y dotado de una gran inteligencia, se ha erigido con el paso
del tiempo en una «leyenda viva», con una historia cargada
de gestas y hazañas dignas de todo encomio. Puede decirse
que actualmente es la raza más conocida y popular, la más
admirada, la más querida y la más extendida también
en el mundo entero. Esto es algo que el Pastor Alemán se ha
ganado «a pulso» a lo largo de los años, y es, sin duda,
absoluto merecedor de esa fama y ese aprecio general.
En el Pastor Alemán
se vienen a dar un conjunto de atributos que le han hecho alcanzar esa
cúspide que hoy ocupa en la cinofilia internacional y que le hacen
ser tan diversamente utilizado por el hombre en tan diferentes cometidos.
Como perro guía de invidentes, como perro de salvamento, como perro
guardián, como perro de pastor, como perro de exposición, o como
simple perro de compañía, es siempre un fiel camarada y un
inigualable auxiliar del hombre en las labores que éste le encomienda.
Para ello está dotado
de una enorme versatilidad y adaptabilidad que alguien trató una
vez de reflejar en la frase siguiente: “El Pastor Alemán puede que
no sea el primero en nada, pero es, sin duda alguna, el segundo en todo”,
aludiendo a sus inmensas capacidades para cualquier tipo de trabajo.
Y así, aunque puede ser superado por un sabueso en el seguimiento
de un rastro, su potente olfato le hace ser casi equiparable a aquél.
Aunque en las labores de guarda pueda parecer más «temible»
un moloso, ningún otro posee tanto coraje y arrojo como el Pastor
Alemán para sustituirlo en este cometido. Aunque el Galgo
sea más veloz, el Pastor Alemán tiene una resistencia capaz
de hacerle cubrir distancias largas en tiempos similares, y aunque la agilidad
de un Podenco sea superior, ningún otro es tan ágil y elástico
como el perro de Pastor Alemán.
Vamos a tratar ahora de definir
y explicar la auténtica «personalidad» y el desarrollo
del Pastor Alemán. En primer lugar nos ocuparemos de su desarrollo
físico, y más tarde, de su evolución psicológica.
Al margen de las características
bien explícitas en el estándar, diremos que es un perro de
«talla media»; no es una raza grande. Sin embargo, sí
que tiene un crecimiento rápido, como las de mayor envergadura.
Es un perro robusto, pero
también esbelto y ágil. Es elástico y resistente.
No es un velocista, sino un infatigable trotador; su anatomía está
más dispuesta para el trote que para el galope. Su musculatura
es potente, una vez desarrollada adecuadamente. Tiene una buena capacidad
visual, un extraordinario oído y un finísimo olfato.
Está protegido por un denso pelaje (nunca largo ni excesivamente
corto), que le protege del frío y de la humedad, haciéndole
muy resistente a la intemperie. Tiene unas fuertes mandíbulas
y una dentadura poderosa. Su porte es elegante a la par que imponente
y se hace con ello admirar y respetar. La mirada del Pastor Alemán
adulto es profunda, denota seguridad, firmeza, pero a la vez es una mirada
noble y serena.
Veamos cómo es la
evolución anatómica que tiene desde que nace.
Normalmente, las perras
suelen parir de cuatro a ocho cachorros, salvo casos excepcionales.
Al nacer los Pastores Alemanes pesan entre 400 y 800 gramos, tienen los
ojos y los oídos cerrados y su poderoso olfato es el único
sentido que les guía y les une con el medio exterior. Su instinto
les lleva a mamar inmediatamente después de que su madre les corta
el cordón umbilical y les limpia y les masajea con su lengua para
hacerles respirar. Sus primeros días transcurren solamente
mamando y durmiendo; en total dependencia de la figura materna, que incluso
debe inducirles a orinar y a defecar con lametazos en el abdomen, pues
por sí solos aún no son capaces de hacerlo. Su aspecto
al nacer no es demasiado «agraciado» y el manto es casi totalmente
negro; tienen el cuerpo alargado y unas extremidades cortas en proporción
a él. Presentan las uñas de color claro y las almohadillas
y la trufa son de color sonrosado.
A los diez días los
cachorros habrán doblado el tamaño y superado el doble de
su peso, y comenzarán a abrir los ojos al mundo que les rodea.
Su actividad será aún limitada, permaneciendo casi todo el
tiempo dormidos y si no «enganchados» a su teta preferida.
Ya podremos observar a los
líderes y más fuertes de la camada que imponen su ley a la
hora del reparto de las mamas, consiguiendo casi siempre su puesto junto
a aquellas más cargadas de leche. Parecerán ahora unas
rechonchas «bolas de pelo», con colores todavía muy
oscuros, aunque en contraste sus ojos tendrán una tonalidad clara.
A los veinticinco o treinta
días los cachorros son el triple o más que cuando nacieron;
ya pasan bastante tiempo despiertos, entregados al juego y a «luchas»
simuladas y persecuciones por el recinto que les vio nacer. Los dientes
de leche comenzarán a asomarles como finos alfileres, y será
el momento de empezar el destete, pues la madre comienza a sentir como
una molestia esos dientecillos a la hora de darles de mamar. Por
este tiempo se empiezan a alargar algo sus patas, lo que les da un aspecto
más esbelto; el pelaje comienza a mostrar también las primeras
manchas claras sobre el fondo negro original, y la pigmentación
en uñas, ojos y trufa oscurecen estas partes, antes claras, de su
cuerpo.
Sobre los cuarenta y cinco
días necesitan ya no sólo la leche materna como única
alimentación, y tampoco la madre tendrá intenciones de amamantarlos
tan frecuentemente como antes. Las horas de actividad y su intensidad aumentarán
a partir de ahora, ocupando los juegos buena parte del día, hasta
que de cuando en cuando “caigan” a dormir.
A los cincuenta o sesenta
días, época en la que van a ser tatuados, su tamaño
será prácticamente el doble que un mes antes y se moverán
mucho más. Puede que para entonces algunos comiéncen
a erguir las orejas, dándoles un aspecto más «arrogante»
frente a los otros hermanos. Su cuerpo habrá ya tomado el
aspecto de un Pastor Alemán adulto en miniatura y se encontrarán
en uno de los mejores y más bonitos momentos de su desarrollo.
A los tres meses tendrán
una enorme curiosidad por cuanto les rodea y su actividad será casi
constante durante el día, con más breves períodos
de descanso. Iniciarán el cambio de pelo, deshaciéndose
de la «borra» de cachorros y reemplanzándola por el
brillante pelo de adulto, que aclarará algunas zonas del manto.
Con tres meses y medio o
cuatro comenzarán a cambiar los dientes de leche por la dentadura
definitiva. Es un momento un tanto crucial, ya que a su rápido
crecimiento se une ahora un «tir6n» del calcio orgánico
destinado a conformar esa importantísima parte del perro: su dentadura
de adulto, que tendrá para toda la vida y que le resultará
clave para su existencia.
La dentadura definitiva
se completará entre los cinco y los ocho meses, y a lo largo de
ese tiempo se habrá producido la total sustitución del pelaje
y un crecimiento que habrá llevado al perro a una estatura próxima
a la que vaya a tener. Ahora el cachorro presentará una apariencia
algo «desgarbada», como consecuencia del fuerte «estirón»
a que está sometido en esta época. Su manto poco a
poco irá adquiriendo la apariencia definitiva que tendrá
de adulto, mostrando los bellos contrastes entre el negro y el más
o menos intenso color fuego de su pelaje en patas, zonas de la cabeza,
cuello, pecho y en toda la parte inferior.
Entre los nueve y los doce
meses alcanzarán la madurez sexual y las hembras tendrán
el primer celo. Nunca es recomendable aparear a los Pastores Alemanes
antes de los dieciocho meses, cuando han completado su crecimiento en dimensión
y altura, y más acertado es esperar a los dos años, cuando
también hayan desarrollado en cuanto a complexión y fortaleza.
Hasta los tres o cuatro
años no veremos totalmente «hecho» físicamente
a un Pastor Alemán; seguirá desarrollándose más
lentamente que de cachorro, pero hasta esa edad no se mostrará absolutamente
«cerrado» y «cuajado», dependiendo también
ésto de su actividad, ejercicio, alimentación e higiene.
La apariencia física
final del Pastor Alemán adulto es hoy inconfundible. Actualmente
el estándar sigue siendo el mismo que en 1 973, pero el esfuerzo
selectivo de las últimas décadas ha conseguido una homogeneidad
manifiesta de los ejemplares modernos, de forma tal que todos guardan un
«tipo» característico que hasta ahora no se había
conseguido.
El crecimiento anatómico
y el psicológico en el Pastor Alemán no corren parejos.
Hemos visto hasta ahora su evolución «por fuera»; veamos
cómo es «por dentro».
En el Pastor Alemán
lo realmente destacable es su extraordinaria inteligencia. Es fundamental
que todo aquel que se plantee la posesión de uno de estos ejemplares
conozca a fondo las enormes capacidades psicológicas con las que
cuenta y su gran potencial de desarrollo futuro, a la vez que sepa la mejor
forma de «tratarlo» en cada etapa de su vida.
Ninguna otra raza posee
una tan clara y alta disposición para el aprendizaje como
la que, ya desde cachorro, puede demostrar uno de estos perros. Siempre
atentos y leales a sus dueños, poseen las mejores aptitudes para
«entender» y aprender cuanto se les pretende enseñar,
además de ser los más rápidos en hacerlo. Tienen
también una magnífica «memoria», que les lleva
a retener durante mucho tiempo todo lo que asimilen, tanto lo «bueno»
como lo «malo» que se les inculque, lo que ya sólo es
responsabilidad plena de su cuidador o propietario. Muchas veces
conductas indeseables han sido achacadas de forma errónea a la raza,
cuando verdaderamente la total culpabilidad sólo recae sobre el
propio dueño o sobre el educador del animal en cuestión.
Cualquier persona que se
plantee la adquisición de un perro en general debería antes
estar bien seguro de la elección que vaya a realizar; debería
cerciorarse de poseer la predisposición y la sensibilidad suficientes
para sacar todo el provecho mutuo de esa elección, y de no ser así
renunciar a ella, puesto que de otra manera no le satisfará en modo
alguno, además de «echar a perder» a ese animal con
el que se llegue a hacer por mero capricho. Debería igualmente
informarse muy bien, antes de dar ese paso, de las características
y peculiaridades de la raza elegida, ya que no es un simple «objeto»
lo que se plantea tener, sino un ser inteligente, cargado de una tremenda
susceptibilidad y lealtad, que pueden ser desequilibradas por una relación
poco ortodoxa. Cada cual es como es, y hay que conocer lo que nos une o
nos desune de una determinada raza canina, cómo es y qué
puede aportarnos, para que el ejemplar elegido llegue a ser el compañero
idóneo de acuerdo a nuestras pretensiones, a nuestro propio carácter
y a nuestro ambiente o entorno social.
El perro de Pastor Alemán
es un perro de utilidad, no sólo de compañía.
Es un perro al que le gusta «saberse útil» para su amo,
al que le agrada trabajar con él y que goza al compartir con él
nuevas experiencias y desafíos. Disfruta de la compañía
humana como ningún otro, pero no se resigna a ser un mero «objeto
decorativo». Necesita de la atención individual de su propietario
y es celoso, aunque tolerante, con otros perros. Es por naturaleza guardián
serio de su territorio, así como de su propio dueño y de
sus propiedades. Es cariñoso, el mejor compañero de juego
para los niños y el más fiel y leal, sin duda alguna, sobre
todas y cada una de las demás razas caninas. Es activo, pero
no nervioso ni inquieto; le gusta «quemar» energías,
aunque puede también permanecer horas en casa echado «como
si fuera un felpudo». Ama la vida al aire libre, pero ama más
la compañía humana, de forma que si tiene oportunidad de
elegir siempre preferirá ésta a la libertad de movimientos
en plena naturaleza. Es buen defensor, pero a la vez es sociable
y no excesivamente desconfiado con los extraños. Posee una
justa templanza temperamental, capaz de contener los nervios o estallar
con el mayor ardor bajo la simple orden de su dueño, que es su ídolo,
su dios.
Estas cualidades constituyen
el verdadero potencial psicológico que el Pastor Alemán lleva
impreso en sus genes y que los criadores tratamos de cuidar y conservar
en nuestras camadas, pero el verdadero desarrollo de éstas sólo
está en manos de los propietarios finales del cachorro que les es
entregado.
LA EDAD
Para expresar de un modo
gráfico la evolución psicológica del Pastor Alemán
a lo largo de su vida vamos a realizar a partir de ahora una comparación
de la edad «mental» del perro con la de un ser humano, estableciendo
unas equivalencias entre ambas.
Esta comparación
no responde a un capricho, puesto que no solamente desde que nace, sino
ya antes, desde el mismo momento del engendramiento, existe una similitud
entre el desarrollo del Pastor Alemán y el del ser humano.
En efecto, la gestación de la perra viene a durar nueve semanas,
en clara analogía con el período de embarazo de la mujer,
que es de nueve meses, por lo que desde entonces podemos establecer una
correspondencia tal que para el feto canino cada semana transcurre como
un mes para el feto humano.
Posteriormente, una vez
nacido, podemos realizar una distinción en seis etapas bien diferenciadas:
etapa infantil (hasta los seis meses), etapa adolescente (de los siete
a los doce meses), etapa joven (de los trece a los dieciocho meses), etapa
de juventud (de los diecinueve a los veinticuatro meses), etapa madura
(de los dos a los ocho o nueve años) y etapa de envejecimiento (de
los ocho o nueve años en adelante).
La primera etapa, la de la
infancia, discurre durante los primeros seis meses de vida. De acuerdo
a la semejanza pretendida con el ser humano, diríamos que cada mes
transcurre como un año para un niño. la psicología
de[ cachorro se ajustará, por lo tanto, a la de un niño de
igual número de años que meses tenga el cachorro, y de idéntica
forma corresponderá considerarlo.
Durante la etapa infantil
no podremos pedirle más que aprenda las más elementales normas
de conducta, que retenga su nombre, que acuda a la llamada de forma rápida
y alegre, y poco más. Es su etapa de «juego» y
de «aprendizaje natural». Hasta el final se le verá
«hecho un crío» y habrá que tratarlo como tal.
Será fundamental potenciar en esta etapa sus instintos de caza,
de presa y de posesión mediante el juego y sus «juguetes»
(pelota de goma maciza, rodillo motivador de yute, etc.).
La segunda etapa es la adolescente
del perro. En ella completa su crecimiento anatómico casi
por completo y alcanza la madurez sexual; «mentalmente» podemos
decir que su evolución se hace ahora más rápida, de
manera tal que los meses pasan como de dos en dos años para el humano.
Así, a los siete meses es aún como un niño de ocho
años; a los ocho, como uno de diez, etc., y al final, a los doce
meses ya es como un adolescente humano de dieciocho años.
Este período es en
el que el perro entra en la «edad escolar», cuando hay que
empezar a enseñarle sus lecciones de «escuela básica».
Debiera ahora iniciársele en los ejercicios de obediencia, en los
rastreos y en la defensa y ataque, como preparatorios para el adiestramiento
serio en la etapa siguiente, con vistas a obtener sus pruebas de trabajo.
Para la enseñanza
del Pastor Alemán hay dos elementos claves: el juego y la paciencia.
El perro siempre debe aprender
jugando, no forzado. Es el método más rápido
y el más indicado para que su actitud sea siempre alegre y no sumisa,
y para que también muestre la mejor disposición al recibir
sus «lecciones». A cada «presión»
a que se le someta en un ejercicio debe seguir de forma inmediata la «liberación»
o recompensa con un juguete cada vez que lo realice correctamente.
Todas las órdenes
deben ser cortas y «contundentes», para mejor captación
por parte del perro, de la misma forma que las «felicitaciones»
(si obedece correctamente) y las palabras disuasorias o para reprenderle
(en caso de que no haga bien las cosas) deben ser un poco efusivas y «exageradas»,
para que el perro pueda distinguir bien las dos situaciones.
Nunca debe recurriese al
castigo corporal, y la llave para obtener los resultados esperados es la
constancia y la paciencia.
La frecuencia de las lecciones
debe ser al principio diaria, o incluso de varias veces al día,
pero siempre en sesiones muy cortas, de como máximo cinco minutos.
Con estas pautas, «a
priori» no debe existir ningún problema para que nuestro perro
asimile cuanto deseemos.
La tercera etapa, la etapa
muy joven o prejuvenil, abarca de los doce a los dieciocho meses.
Ahora el desarrollo se desacelera, de forma que cada mes es como medio
año para el ser humano, completándose con los dieciocho meses
equivalentes a una persona joven de veintiún años.
Esta es la edad «estudiantil»
del perro, cuando debe entrar en la «universidad» de su vida.
Es el óptimo momento para su adiestramiento y debe tratar de obtener
sus pruebas correspondientes de trabajo; tiene entonces las condiciones
idóneas y el desarrollo suficiente tanto desde el punto de vista físico
como desde el psíquico.
Tras este período
llega la etapa joven, en la que el ritmo del paso del tiempo es igual al
de la anterior (un mes igual a dos años). Vá desde
los dieciocho a los veinticuatro meses (de los veintiuno a los veinticuatro
años humanos), y el perro viene ahora a completar su crecimiento.
Es cuando debe terminar
su formaci6n «académica» o «profesional»,
para después entrar en el mundo de los adultos plenamente.
Debería ahora concluir el adiestramiento, pues se halla en el mejor
momento para comprender cuanto se le quiera enseñar y muestra sus
mejores aptitudes para hacerlo. Debe mostrar, además, una clara
inclinación por hacer bien las cosas y por compenetrarse del todo
con su dueño. Será muy importante ahora potenciar la
relación con nuestro perro y hacerle sentir y saber la utilidad
de sus enseñanzas.

Alcanzados los veinticuatro
meses de edad (equivalente a veinticuatro años humanos) el perro
entrará en su fase de madurez. Aún aprenderá
cada día y se mostrará siempre contento de hacerlo, aunque
deberá ser «todo un profesional» y no muchas cosas más
podremos enseñarle, pero será el momento de disfrutar juntos
de todos los esfuerzos realizados antes en su formación y aprendizaje.
El perro, plenamente maduro, será nuestro más fiel compañero,
seguidor y defensor, y siempre estará deseoso de estar a nuestro
lado y acompañarnos a todas partes. A lo largo de esta etapa
irá madurando y asentándose cada vez más; se le notará
más «sensato» cada año que pasa, pero también
ahora el tiempo empieza a transcurrir mucho más rápidamente
para él. Cada año es como seis para nosotros, de forma
que a los tres años será como un hombre de treinta, a los
cuatro como uno de treinta y seis, a los cinco de cuarenta y dos, etc.
Sobre los ocho o nueve años
entra el perro en su última etapa, que hemos denominado de envejecimiento;
empiezan a asomarle las canas por el hocico, aclarándose también
el resto de su manto, vá perdiendo poco a poco parte de su hasta
entonces tremenda vitalidad y energía y comienza a hacerse viejo.
Los años siguen transcurriendo como de seis en seis para nosotros,
y a partir de los diez años su vejez será ya manifiesta,
convirtiéndose en todo un «venerable anciano».
Habrá ahora que dosificarle el ejercicio y la alimentación;
puede empezar a perder parte de su dentadura, habrá de respetarse
más su tiempo de descanso y sus horas de sueño. Vivid
esos años en perfecta comunicación y armonía, cuidándolo,
respetándolo y dándole la vida que se habrá ganado
con la total entrega, cariño y lealtad que siempre os demostró.
Y cuando llegue su hora comprended que él ha completado su camino
en esta vida y que se vá con la satisfacción de haber contribuído
seguro a vuestra felicidad. No le lloréis; recordadle siempre como
la alegría que en todo momento fue para vosotros. El lo querría
así.
Desde luego, lo que sí tendremos muy claro, después
de haber poseído un perro de Pastor Alemán, es que para poder
sustituirle sóIo cabrá otro Pastor Alemán, pues ya
ninguna otra raza nos podrá llenar la vida igual.
| TABLA
COMPARATIVA ENTRE LA EDAD DEL PERRO Y LA DEL HOMBRE |
| ETAPA |
HOMBRE |
PERRO |
CORRESPONDENCIA |
| GESTACION |
9 meses |
9 semanas |
1 semana = 1 mes |
| INFANCIA |
De 0 a 6 años |
De 0 a 6 meses |
1 mes = 1 año |
| ADOLESCENCIA |
De 6 a 18 años |
De 6 a 12 meses |
1 mes = 2 años |
| MUY JOVEN |
De 18 a 21 años |
De 12 a 18 meses |
1 mes = 1/2 año |
| JOVEN |
De 21 a 24 años |
De 18 a 24 meses |
1 mes = 1/2 año |
| MADUREZ |
De 24 a 48-54 años |
De 2 a 8-9 años |
1 año = 6 años |
| ENVEJECIMIENTO |
De 54 años en adelante |
De 9 años en adelante |
1 año =6 años |
MIGUEL A.
HERRERO
(El Abertal)
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