La edad en el perro
En la revista "EL MUNDO DEL PERRO" (número 203 de Abril de 1.997) colaboramos con un artículo acerca de la raza, dentro del cual abordamos el tema de la edad en el perro, la edad física y la psicológica, el desarrollo del cachorro hasta hacerse adulto y luego viejo. Éste es un extracto de aquel.
(El MUNDO DEL PERRO nº 2/97)
EL PASTOR ALEMAN

HULME Y BLITZ DE EL ABERTAL

El Pastor Alemán es un perro que despierta pasiones : altivo, elegante, eficaz en todo tipo de tareas y dotado de una gran inteligencia, se ha erigido con el paso del tiempo en una «leyenda viva», con una historia cargada de gestas y hazañas dignas de todo encomio.  Puede decirse que actualmente es la raza más conocida y popular, la más admirada, la más querida y la más extendida también en el mundo entero.  Esto es algo que el Pastor Alemán se ha ganado «a pulso» a lo largo de los años, y es, sin duda, absoluto merecedor de esa fama y ese aprecio general.


En el Pastor Alemán se vienen a dar un conjunto de atributos que le han hecho alcanzar esa cúspide que hoy ocupa en la cinofilia internacional y que le hacen ser tan diversamente utilizado por el hombre en tan diferentes cometidos.  Como perro guía de invidentes, como perro de salvamento, como perro guardián, como perro de pastor, como perro de exposición, o como simple perro de compañía, es siempre un fiel camarada y un inigualable auxiliar del hombre en las labores que éste le encomienda. 
Para ello está dotado de una enorme versatilidad y adaptabilidad que alguien trató una vez de reflejar en la frase siguiente: “El Pastor Alemán puede que no sea el primero en nada, pero es, sin duda alguna, el segundo en todo”, aludiendo a sus inmensas capacidades para cualquier tipo de trabajo.  Y así, aunque puede ser superado por un sabueso en el seguimiento de un rastro, su potente olfato le hace ser casi equiparable a aquél.  Aunque en las labores de guarda pueda parecer más «temible» un moloso, ningún otro posee tanto coraje y arrojo como el Pastor Alemán para sustituirlo en este cometido.  Aunque el Galgo sea más veloz, el Pastor Alemán tiene una resistencia capaz de hacerle cubrir distancias largas en tiempos similares, y aunque la agilidad de un Podenco sea superior, ningún otro es tan ágil y elástico como el perro de Pastor Alemán.

Vamos a tratar ahora de definir y explicar la auténtica «personalidad» y el desarrollo del Pastor Alemán.  En primer lugar nos ocuparemos de su desarrollo físico, y más tarde, de su evolución psicológica.
Al margen de las características bien explícitas en el estándar, diremos que es un perro de «talla media»; no es una raza grande. Sin embargo, sí que tiene un crecimiento rápido, como las de mayor envergadura.
Es un perro robusto, pero también esbelto y ágil.  Es elástico y resistente.  No es un velocista, sino un infatigable trotador; su anatomía está más dispuesta para el trote que para el galope.  Su musculatura es potente, una vez desarrollada adecuadamente.  Tiene una buena capacidad visual, un extraordinario oído y un finísimo olfato.  Está protegido por un denso pelaje (nunca largo ni excesivamente corto), que le protege del frío y de la humedad, haciéndole muy resistente a la intemperie.  Tiene unas fuertes mandíbulas y una dentadura poderosa.  Su porte es elegante a la par que imponente y se hace con ello admirar y respetar. La mirada del Pastor Alemán adulto es profunda, denota seguridad, firmeza, pero a la vez es una mirada noble y serena.
Veamos cómo es la evolución anatómica que tiene desde que nace.

Normalmente, las perras suelen parir de cuatro a ocho cachorros, salvo casos excepcionales.  Al nacer los Pastores Alemanes pesan entre 400 y 800 gramos, tienen los ojos y los oídos cerrados y su poderoso olfato es el único sentido que les guía y les une con el medio exterior.  Su instinto les lleva a mamar inmediatamente después de que su madre les corta el cordón umbilical y les limpia y les masajea con su lengua para hacerles respirar.  Sus primeros días transcurren solamente mamando y durmiendo; en total dependencia de la figura materna, que incluso debe inducirles a orinar y a defecar con lametazos en el abdomen, pues por sí solos aún no son capaces de hacerlo.  Su aspecto al nacer no es demasiado «agraciado» y el manto es casi totalmente negro; tienen el cuerpo alargado y unas extremidades cortas en proporción a él.  Presentan las uñas de color claro y las almohadillas y la trufa son de color sonrosado.
A los diez días los cachorros habrán doblado el tamaño y superado el doble de su peso, y comenzarán a abrir los ojos al mundo que les rodea.  Su actividad será aún limitada, permaneciendo casi todo el tiempo dormidos y si no «enganchados» a su teta preferida. 
Ya podremos observar a los líderes y más fuertes de la camada que imponen su ley a la hora del reparto de las mamas, consiguiendo casi siempre su puesto junto a aquellas más cargadas de leche.  Parecerán ahora unas rechonchas «bolas de pelo», con colores todavía muy oscuros, aunque en contraste sus ojos tendrán una tonalidad clara.
A los veinticinco o treinta días los cachorros son el triple o más que cuando nacieron; ya pasan bastante tiempo despiertos, entregados al juego y a «luchas» simuladas y persecuciones por el recinto que les vio nacer. Los dientes de leche comenzarán a asomarles como finos alfileres, y será el momento de empezar el destete, pues la madre comienza a sentir como una molestia esos dientecillos a la hora de darles de mamar.  Por este tiempo se empiezan a alargar algo sus patas, lo que les da un aspecto más esbelto; el pelaje comienza a mostrar también las primeras manchas claras sobre el fondo negro original, y la pigmentación en uñas, ojos y trufa oscurecen estas partes, antes claras, de su cuerpo.
Sobre los cuarenta y cinco días necesitan ya no sólo la leche materna como única alimentación, y tampoco la madre tendrá intenciones de amamantarlos tan frecuentemente como antes. Las horas de actividad y su intensidad aumentarán a partir de ahora, ocupando los juegos buena parte del día, hasta que de cuando en cuando “caigan” a dormir.
A los cincuenta o sesenta días, época en la que van a ser tatuados, su tamaño será prácticamente el doble que un mes antes y se moverán mucho más.  Puede que para entonces algunos comiéncen a erguir las orejas, dándoles un aspecto más «arrogante» frente a los otros hermanos.  Su cuerpo habrá ya tomado el aspecto de un Pastor Alemán adulto en miniatura y se encontrarán en uno de los mejores y más bonitos momentos de su desarrollo.
A los tres meses tendrán una enorme curiosidad por cuanto les rodea y su actividad será casi constante durante el día, con más breves períodos de descanso.  Iniciarán el cambio de pelo, deshaciéndose de la «borra» de cachorros y reemplanzándola por el brillante pelo de adulto, que aclarará algunas zonas del manto.
Con tres meses y medio o cuatro comenzarán a cambiar los dientes de leche por la dentadura definitiva.  Es un momento un tanto crucial, ya que a su rápido crecimiento se une ahora un «tir6n» del calcio orgánico destinado a conformar esa importantísima parte del perro: su dentadura de adulto, que tendrá para toda la vida y que le resultará clave para su existencia.
La dentadura definitiva se completará entre los cinco y los ocho meses, y a lo largo de ese tiempo se habrá producido la total sustitución del pelaje y un crecimiento que habrá llevado al perro a una estatura próxima a la que vaya a tener.  Ahora el cachorro presentará una apariencia algo «desgarbada», como consecuencia del fuerte «estirón» a que está sometido en esta época.  Su manto poco a poco irá adquiriendo la apariencia definitiva que tendrá de adulto, mostrando los bellos contrastes entre el negro y el más o menos intenso color fuego de su pelaje en patas, zonas de la cabeza, cuello, pecho y en toda la parte inferior.
Entre los nueve y los doce meses alcanzarán la madurez sexual y las hembras tendrán el primer celo.  Nunca es recomendable aparear a los Pastores Alemanes antes de los dieciocho meses, cuando han completado su crecimiento en dimensión y altura, y más acertado es esperar a los dos años, cuando también hayan desarrollado en cuanto a complexión y fortaleza.
Hasta los tres o cuatro años no veremos totalmente «hecho» físicamente a un Pastor Alemán; seguirá desarrollándose más lentamente que de cachorro, pero hasta esa edad no se mostrará absolutamente «cerrado» y «cuajado», dependiendo también ésto de su actividad, ejercicio, alimentación e higiene.
La apariencia física final del Pastor Alemán adulto es hoy inconfundible.  Actualmente el estándar sigue siendo el mismo que en 1 973, pero el esfuerzo selectivo de las últimas décadas ha conseguido una homogeneidad manifiesta de los ejemplares modernos, de forma tal que todos guardan un «tipo» característico que hasta ahora no se había conseguido.

El crecimiento anatómico y el psicológico en el Pastor Alemán no corren parejos.  Hemos visto hasta ahora su evolución «por fuera»; veamos cómo es «por dentro».

En el Pastor Alemán lo realmente destacable es su extraordinaria inteligencia.  Es fundamental que todo aquel que se plantee la posesión de uno de estos ejemplares conozca a fondo las enormes capacidades psicológicas con las que cuenta y su gran potencial de desarrollo futuro, a la vez que sepa la mejor forma de «tratarlo» en cada etapa de su vida.
Ninguna otra raza posee una tan clara y  alta disposición para el aprendizaje como la que, ya desde cachorro, puede demostrar uno de estos perros.  Siempre atentos y leales a sus dueños, poseen las mejores aptitudes para «entender» y aprender cuanto se les pretende enseñar, además de ser los más rápidos en hacerlo.  Tienen también una magnífica «memoria», que les lleva a retener durante mucho tiempo todo lo que asimilen, tanto lo «bueno» como lo «malo» que se les inculque, lo que ya sólo es responsabilidad plena de su cuidador o propietario.  Muchas veces conductas indeseables han sido achacadas de forma errónea a la raza, cuando verdaderamente la total culpabilidad sólo recae sobre el propio dueño o sobre el educador del animal en cuestión.
Cualquier persona que se plantee la adquisición de un perro en general debería antes estar bien seguro de la elección que vaya a realizar; debería cerciorarse de poseer la predisposición y la sensibilidad suficientes para sacar todo el provecho mutuo de esa elección, y de no ser así renunciar a ella, puesto que de otra manera no le satisfará en modo alguno, además de «echar a perder» a ese animal con el que se llegue a hacer por mero capricho.  Debería igualmente informarse muy bien, antes de dar ese paso, de las características y peculiaridades de la raza elegida, ya que no es un simple «objeto» lo que se plantea tener, sino un ser inteligente, cargado de una tremenda susceptibilidad y lealtad, que pueden ser desequilibradas por una relación poco ortodoxa. Cada cual es como es, y hay que conocer lo que nos une o nos desune de una determinada raza canina, cómo es y qué puede aportarnos, para que el ejemplar elegido llegue a ser el compañero idóneo de acuerdo a nuestras pretensiones, a nuestro propio carácter y a nuestro ambiente o entorno social.
El perro de Pastor Alemán es un perro de utilidad, no sólo de compañía.  Es un perro al que le gusta «saberse útil» para su amo, al que le agrada trabajar con él y que goza al compartir con él nuevas experiencias y desafíos.  Disfruta de la compañía humana como ningún otro, pero no se resigna a ser un mero «objeto decorativo». Necesita de la atención individual de su propietario y es celoso, aunque tolerante, con otros perros. Es por naturaleza guardián serio de su territorio, así como de su propio dueño y de sus propiedades. Es cariñoso, el mejor compañero de juego para los niños y el más fiel y leal, sin duda alguna, sobre todas y cada una de las demás razas caninas.  Es activo, pero no nervioso ni inquieto; le gusta «quemar» energías, aunque puede también permanecer horas en casa echado «como si fuera un felpudo».  Ama la vida al aire libre, pero ama más la compañía humana, de forma que si tiene oportunidad de elegir siempre preferirá ésta a la libertad de movimientos en plena naturaleza.  Es buen defensor, pero a la vez es sociable y no excesivamente desconfiado con los extraños.  Posee una justa templanza temperamental, capaz de contener los nervios o estallar con el mayor ardor bajo la simple orden de su dueño, que es su ídolo, su dios.
Estas cualidades constituyen el verdadero potencial psicológico que el Pastor Alemán lleva impreso en sus genes y que los criadores tratamos de cuidar y conservar en nuestras camadas, pero el verdadero desarrollo de éstas sólo está en manos de los propietarios finales del cachorro que les es entregado.


LA EDAD

Para expresar de un modo gráfico la evolución psicológica del Pastor Alemán a lo largo de su vida vamos a realizar a partir de ahora una comparación de la edad «mental» del perro con la de un ser humano, estableciendo unas equivalencias entre ambas.
Esta comparación no responde a un capricho, puesto que no solamente desde que nace, sino ya antes, desde el mismo momento del engendramiento, existe una similitud entre el desarrollo del Pastor Alemán y el del ser humano.  En efecto, la gestación de la perra viene a durar nueve semanas, en clara analogía con el período de embarazo de la mujer, que es de nueve meses, por lo que desde entonces podemos establecer una correspondencia tal que para el feto canino cada semana transcurre como un mes para el feto humano.
Posteriormente, una vez nacido, podemos realizar una distinción en seis etapas bien diferenciadas: etapa infantil (hasta los seis meses), etapa adolescente (de los siete a los doce meses), etapa joven (de los trece a los dieciocho meses), etapa de juventud (de los diecinueve a los veinticuatro meses), etapa madura (de los dos a los ocho o nueve años) y etapa de envejecimiento (de los ocho o nueve años en adelante).

La primera etapa, la de la infancia, discurre durante los primeros seis meses de vida.  De acuerdo a la semejanza pretendida con el ser humano, diríamos que cada mes transcurre como un año para un niño. la psicología de[ cachorro se ajustará, por lo tanto, a la de un niño de igual número de años que meses tenga el cachorro, y de idéntica forma corresponderá considerarlo.
Durante la etapa infantil no podremos pedirle más que aprenda las más elementales normas de conducta, que retenga su nombre, que acuda a la llamada de forma rápida y alegre, y poco más.  Es su etapa de «juego» y de «aprendizaje natural».  Hasta el final se le verá «hecho un crío» y habrá que tratarlo como tal.  Será fundamental potenciar en esta etapa sus instintos de caza, de presa y de posesión mediante el juego y sus «juguetes» (pelota de goma maciza, rodillo motivador de yute, etc.).

IRK E ISELL DE EL ABERTAL

La segunda etapa es la adolescente del perro.  En ella completa su crecimiento anatómico casi por completo y alcanza la madurez sexual; «mentalmente» podemos decir que su evolución se hace ahora más rápida, de manera tal que los meses pasan como de dos en dos años para el humano.  Así, a los siete meses es aún como un niño de ocho años; a los ocho, como uno de diez, etc., y al final, a los doce meses ya es como un adolescente humano de dieciocho años.
Este período es en el que el perro entra en la «edad escolar», cuando hay que empezar a enseñarle sus lecciones de «escuela básica».  Debiera ahora iniciársele en los ejercicios de obediencia, en los rastreos y en la defensa y ataque, como preparatorios para el adiestramiento serio en la etapa siguiente, con vistas a obtener sus pruebas de trabajo.
Para la enseñanza del Pastor Alemán hay dos elementos claves: el juego y la paciencia.
El perro siempre debe aprender jugando, no forzado.  Es el método más rápido y el más indicado para que su actitud sea siempre alegre y no sumisa, y para que también muestre la mejor disposición al recibir sus «lecciones».  A cada «presión» a que se le someta en un ejercicio debe seguir de forma inmediata la «liberación» o recompensa con un juguete cada vez que lo realice correctamente.
Todas las órdenes deben ser cortas y «contundentes», para mejor captación por parte del perro, de la misma forma que las «felicitaciones» (si obedece correctamente) y las palabras disuasorias o para reprenderle (en caso de que no haga bien las cosas) deben ser un poco efusivas y «exageradas», para que el perro pueda distinguir bien las dos situaciones.
Nunca debe recurriese al castigo corporal, y la llave para obtener los resultados esperados es la constancia y la paciencia.
La frecuencia de las lecciones debe ser al principio diaria, o incluso de varias veces al día, pero siempre en sesiones muy cortas, de como máximo cinco minutos.
Con estas pautas, «a priori» no debe existir ningún problema para que nuestro perro asimile cuanto deseemos.

La tercera etapa, la etapa muy joven o prejuvenil, abarca de los doce a los dieciocho meses.  Ahora el desarrollo se desacelera, de forma que cada mes es como medio año para el ser humano, completándose con los dieciocho meses equivalentes a una persona joven de veintiún años.
Esta es la edad «estudiantil» del perro, cuando debe entrar en la «universidad» de su vida.  Es el óptimo momento para su adiestramiento y debe tratar de obtener sus pruebas correspondientes de trabajo; tiene entonces las condiciones idóneas y el desarrollo suficiente tanto desde el punto de vista físico como desde el psíquico.

Tras este período llega la etapa joven, en la que el ritmo del paso del tiempo es igual al de la anterior (un mes igual a dos años).  Vá desde los dieciocho a los veinticuatro meses (de los veintiuno a los veinticuatro años humanos), y el perro viene ahora a completar su crecimiento.
Es cuando debe terminar su formaci6n «académica» o «profesional», para después entrar en el mundo de los adultos plenamente.  Debería ahora concluir el adiestramiento, pues se halla en el mejor momento para comprender cuanto se le quiera enseñar y muestra sus mejores aptitudes para hacerlo. Debe mostrar, además, una clara inclinación por hacer bien las cosas y por compenetrarse del todo con su dueño.  Será muy importante ahora potenciar la relación con nuestro perro y hacerle sentir y saber la utilidad de sus enseñanzas.

BLITZ DE EL ABERTAL

Alcanzados los veinticuatro meses de edad (equivalente a veinticuatro años humanos) el perro entrará en su fase de madurez.  Aún aprenderá cada día y se mostrará siempre contento de hacerlo, aunque deberá ser «todo un profesional» y no muchas cosas más podremos enseñarle, pero será el momento de disfrutar juntos de todos los esfuerzos realizados antes en su formación y aprendizaje.  El perro, plenamente maduro, será nuestro más fiel compañero, seguidor y defensor, y siempre estará deseoso de estar a nuestro lado y acompañarnos a todas partes.  A lo largo de esta etapa irá madurando y asentándose cada vez más; se le notará más «sensato» cada año que pasa, pero también ahora el tiempo empieza a transcurrir mucho más rápidamente para él.  Cada año es como seis para nosotros, de forma que a los tres años será como un hombre de treinta, a los cuatro como uno de treinta y seis, a los cinco de cuarenta y dos, etc.

Sobre los ocho o nueve años entra el perro en su última etapa, que hemos denominado de envejecimiento; empiezan a asomarle las canas por el hocico, aclarándose también el resto de su manto, vá perdiendo poco a poco parte de su hasta entonces tremenda vitalidad y energía y comienza a hacerse viejo. Los años siguen transcurriendo como de seis en seis para nosotros, y a partir de los diez años su vejez será ya manifiesta, convirtiéndose en todo un «venerable anciano».


Habrá ahora que dosificarle el ejercicio y la alimentación; puede empezar a perder parte de su dentadura, habrá de respetarse más su tiempo de descanso y sus horas de sueño.  Vivid esos años en perfecta comunicación y armonía, cuidándolo, respetándolo y dándole la vida que se habrá ganado con la total entrega, cariño y lealtad que siempre os demostró.
Y cuando llegue su hora comprended que él ha completado su camino en esta vida y que se vá con la satisfacción de haber contribuído seguro a vuestra felicidad.  No le lloréis; recordadle siempre como la alegría que en todo momento fue para vosotros.  El lo querría así.

  Desde luego, lo que sí tendremos muy claro, después de haber poseído un perro de Pastor Alemán, es que para poder sustituirle sóIo cabrá otro Pastor Alemán, pues ya ninguna otra raza nos podrá llenar la vida igual.

 
TABLA COMPARATIVA ENTRE LA EDAD DEL PERRO Y LA DEL HOMBRE
ETAPA HOMBRE PERRO CORRESPONDENCIA
GESTACION  9 meses  9 semanas 1 semana = 1 mes
INFANCIA De 0 a 6 años De 0 a 6 meses 1 mes = 1 año
ADOLESCENCIA De 6 a 18 años De 6 a 12 meses 1 mes = 2 años
MUY JOVEN De 18 a 21 años De 12 a 18 meses 1 mes = 1/2 año
JOVEN De 21 a 24 años De 18 a 24 meses 1 mes = 1/2 año
MADUREZ De 24 a 48-54 años De 2 a 8-9 años 1 año = 6 años
ENVEJECIMIENTO De 54 años en adelante De 9 años en adelante 1 año =6 años
MIGUEL A. HERRERO 
(El Abertal)
 

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