CRÍA, REPRODUCCIÓN Y SELECCIÓN DE LA RAZA
LA CRÍA LA REPRODUCCIÓN LA SELECCIÓN LA CONSANGUINIDAD
INTRODUCCION
    Una raza es un conjunto de animales con unos ciertos rasgos y características propias dentro de una especie, que les diferencian del resto de los componentes de la misma.
    La Taxonomía (o ciencia que trata de la clasificación de los seres vivos en grupos progresivamente más concretos y determinados) alcanza hasta la definición de las especies y subespecies con el nombre científico latino inspirado en la propuesta de nomenclatura de Linneo, pero no desciende a la nomenclatura de las razas y variedades. Y es que éstas no han surgido espontáneamente (excepto las humanas), sino que son siempre fruto de la intervención y selección por parte del hombre, en combinación con la influencia del entorno o medio ambiente en el que se ha desarrollado el proceso originario de formación.
    La raza, por lo tanto, es algo primordialmente “artificial” (aunque también exista el indudable concurso de la selección natural) y, quizá por ello, es de suma fragilidad.
    Así, mientras las especies se “defienden” del cruzamiento con otras mediante la incompatibilidad cromosómica o dando lugar a “híbridos” estériles, las razas resultan mucho más vulnerables, por cuanto siempre es factible el cruce entre ellas, por su completa afinidad de cromosomas, y además se obtienen como resultado “mestizos” absolutamente fértiles, que presentan cierta similitud morfológica con sus progenitores, lo que puede favorecer la confusión y llegar a producir un tremendo deterioro de sus rasgos intrínsecos en generaciones futuras.
    La preservación de una raza requiere, pues, de un indefectible “hermetismo” genético, de un apareamiento cuidado y constante entre individuos de segura e indudable “pura sangre”, pues de lo contrario es muy fácil llegar a perder las características “fijadas” como distintivas de ella. En eso consiste fundamental y primariamente la llamada “selección”.
    El origen de las razas responde siempre a un muy concreto ámbito geográfico o territorio, y a una más o menos marcada intencionalidad o voluntariedad de los seres humanos que las crearon. En algunos casos podría aparecer como casi espontáneo –aunque nunca sea así realmente-, pero en otros es totalmente manifiesto el interés del hombre por lograr consolidar unas características deseadas. Un palpable ejemplo lo constituyen las razas avícolas, ganaderas, etc., seleccionadas por criterios productivos, pero también otro ejemplo evidente es  el de las “mascotas” (perros, gatos, canarios, periquitos, etc.), seleccionadas por criterios estéticos, e incluso “modas” cambiantes con el tiempo. El perro de pastor alemán quiso concebirse originariamente como una combinación de esos dos criterios: el de la utilidad y el de la apariencia, y en ello puede que resida la popularidad que ha llegado a alcanzar.
    En el caso de las razas caninas, son las instituciones cinófilas las que elaboran la descripción exacta de las cualidades que se desean amparar en cada una de ellas, tanto las morfológicas como las psicológicas, que son recogidas en el llamado “estándar”. Esas características irrenunciablemente diferenciadoras para cada una de ellas serán transmitidas hereditariamente en los cruces entre dos componentes de la misma, dando lugar a individuos que presentarán esa similar apariencia y actitudes que ostentaban los progenitores, o lo que es lo mismo, en lenguaje propio de la Genética, tendrán el mismo “fenotipo” o conformación externa. Pero además, el resultado de un cruzamiento homo-racial (entre ejemplares de una misma raza) tendrá también el mismo “genotipo” o carga genética en sus cromosomas,  lo que nunca ocurriría en el caso de un apareamiento hetero-racial (entre individuos de distinta raza), cuyo fruto podría presentar un fenotipo afín al de uno de los progenitores, o incluso a los dos, pero nunca tendría el mismo genotipo que uno cualquiera de ellos. La correcta selección, pues, debería hacerse basándose en el genotipo, y no en el fenotipo, de los animales a cruzar entre sí.
    De esta idea nació el concepto del “pedigree”, un documento que atestigua la procedencia de un perro de ascendientes probadamente pertenecientes a la raza en cuestión, de perros de “pura raza”, o sea, de ejemplares con el genotipo -y también el fenotipo- que corresponde a ella. Mediante la acreditación del “pedigree” se pretendió erradicar de la cría a aquellos mestizos que pudieran presentar  una apariencia característica, pero que evidentemente no poseerían la pureza genética de un auténtico ejemplar sin cruces, con lo que su utilización podría dar lugar a auténticas “sorpresas” en la descendencia.
    Ahora bien, las razas no son algo eternamente inmutable, sino que están en perpetuo y constante desarrollo. El fenotipo y el genotipo  van cambiando con el tiempo, y a veces tanto que se hace necesaria una revisión del estándar, porque ya no es posible mantener la misma definición. Esta dinámica evolutiva responde casi siempre a una preferencia distinta por parte de aficionados y criadores, aunque también puede obedecer a mutaciones genéticas que llegan a fijarse en los individuos, pero ésto en mucha menor proporción. Su evolución es consecuencia primordialmente de las exigencias cambiantes que se pretenden de ellas y, como antes decíamos, incluso de “corrientes” o “modas” nuevas con el paso del tiempo.
    La crianza y selección de una raza canina es, por todo ello, algo apasionante, algo vivo y muy gratificante, algo que exige de información, de técnica y conocimientos, pero también de cierta “alquimia”, de cierta creatividad, que en algunos casos puede considerarse todo un “arte”, del que no han faltado ejemplos bien tangibles en la historia.
 En lo que sigue a partir de aquí, vamos a intentar analizar todos los aspectos básicos referentes a la cría y selección del perro de Pastor Alemán.
LA CRÍA

 
Criar no consiste sólo en “traer perros al mundo”. La cría responsable está más orientada hacia la "selección" que hacia la simple “producción”. El objetivo debe ser más cualitativo que cuantitativo; se trata de obtener ejemplares de una cada vez mayor calidad; de mejorar, en la medida que a cada cual le sea posible, la propia raza.
 Además de ésto, la función del criador es de una importancia fundamental para conseguir perros sanos, fuertes y equilibrados. Las condiciones en las que se cría una camada, de higiene, de salubridad y también –por qué no- de “comodidad” para la madre y los cachorros, son determinantes para su salud física y psicológica. Es también el criador quien siempre juega un papel transcendental en el correcto desarrollo de la fase inicial del “imprinting”, en la que ha de conseguir que el primer contacto con el ser humano se lleve a cabo con total normalidad, lo que posteriormente puede ser muy importante para su equilibrio emocional y para su buena relación con las personas. Por otra parte, debe “despertar” el carácter de los cachorros, proporcionando seguridad a los menos dominantes y controlando el liderazgo de los más atrevidos dentro de una camada, y ello sin que su intervención llegue nunca a anular la natural jerarquía que en todo grupo canino surge de forma totalmente instintiva, pues ese ordenamiento social es importante también que el perro lo asuma para saber “tratar” en el futuro con sus congéneres. Y, por supuesto, debe examinar a diario su estado físico, destetarlos oportuna y convenientemente, proporcionarles una alimentación sana y equilibrada, desparasitarlos y vacunarlos de las enfermedades víricas que pueden llegar a contraer, etc.
 En el criador recae, por lo tanto, la plena responsabilidad de esa etapa postnatal, de lactancia y de primera infancia, fases trascendentales en la correcta formación del futuro perro. Para ello, aparte de la valiosa experiencia que se vá adquiriendo con el tiempo, ha de prepararse convenientemente, estudiando toda la serie de temas que incumben directamente a la crianza, lo que, a la larga, hará de él un especialista multidisciplinario en toda una serie de conocimientos que van desde la anatomía canina, patologías, farmacología, alimentación y dietética, etc.,  hasta, claro está, la profundización en las peculiaridades de su raza, de las líneas de sangre y de la historia de la misma, herramienta ésta que es muy útil a la hora de saber elegir los mejores apareamientos y de poder realizar ajustadas previsiones de cada camada proyectada, sobre la base de los datos conocidos de los antecesores presentes en el pedigree.
 Criar, por lo tanto, es seleccionar y además asumir todas estas prerrogativas y deberes del buen criador.
 Ahora bien, cada criador debe tener su propio objetivo en la cría. El pastor alemán es un perro que admite según el estándar varias “interpretaciones”. La diversidad de mantos y apariencias, el enfoque hacia las actitudes psicológicas más que morfológicas, o viceversa, etc., hacen que cada cual tenga su propio “tipo” ideal de perro, tipo que, lógicamente, será el que siempre persiga conseguir en sus camadas. Cuando un criador logra consolidar una línea de crianza acorde a sus preferencias, lo normal es que ya no se aparte de ella, que trate de conservarla y afianzarla, progresando cada vez más en la consecución de una “familia” propia, con un sello característico en todas sus camadas.
            En la práctica, hay dos formas para que ésto se lleve a buen término.
La primera es a través de una firme línea materna en la que apoyarse, que permita la aportación de las mejores cualidades de los sementales que vayan a cubrir a esas hembras, pero procurando que éstas mantengan el anhelado tipo del criador, fijado ya en su patrimonio genético, y que se convertirá en su legado para su descendencia. Utilizar hembras de distintas líneas, por muchas excelencias que cada una tenga, nunca confiere ese “sello personal” en la crianza, no afianza un determinado “tipo”, por lo que se podrán obtener muchos éxitos en exposiciones y en pruebas, y tener grandes individualidades,  pero –en nuestra humilde opinión- no se podrá considerar un éxito en la crianza.
 La otra manera es a través de la obtención de buenos machos “trazadores”, ésto es, sementales capaces de transmitir sus mejores cualidades a su progenie, a la par que confieren  una apariencia similar a sus descendientes  en una buena parte de las camadas obtenidas de las distintas hembras que lleguen a cubrir. Se constituyen así las llamadas líneas paternas, tradicionalmente más populares y conocidas que las maternas. Pero, al igual que antes, conseguir espléndidos machos, ganadores de cuantos certámenes se quiera,  si son incapaces de hacer perdurar su impronta y su línea representativa, no puede decirse que llegue a ser apreciable para la crianza.
 Lo valioso entonces, desde el punto de vista de la cría y de la selección, no es obtener magníficos y espectaculares ejemplares, sino que la grandeza y el verdadero beneficio hacia la raza que un criador puede llegar a rendir, trascendiendo a la historia, es obtener perros que, aunque puedan ser menos galardonados y apreciados en sí mismos, aporten un sustancial avance para ella y consoliden unas líneas futuras de crianza. Los ejemplos más elocuentes de ello son algunos legendarios criadores germanos, de todo el mundo conocidos, sobre cuyas líneas se asienta hoy toda la cría a nivel internacional, y también aquellos míticos Siegers y Ausleses – y algunos otros menos destacados -, cuya huella, después de muchos años, todavía hoy perdura en sus descendientes, a través de las generaciones.
 Criar y Seleccionar, por lo tanto, requiere mantener un equilibrio entre el pasado, el presente y el futuro. Mirar al pasado para aprender, analizar y forjar expectativas; fijarse en el presente para afianzar, consolidar, corregir, y avanzar en el camino emprendido; y no perder de vista el futuro, en el que se podrá llegar a valorar, o no, la aportación que cada uno haya podido hacer dentro de su ámbito de acción. Ésta puede decirse que es la contribución “individual” que cada criador, por sí mismo, y como tal, puede alcanzar a plantearse.
 Pero en la Selección de la raza, más globalmente, son los jueces, los dirigentes y las instituciones los que “tienen la batuta”, los que marcan las directrices y las “líneas maestras” de actuación, y en tal sentido son los auténticos responsables de su devenir y los arquitectos de su futuro. Conscientes de ello, los mejores han escrito brillantes páginas de la historia del pastor alemán, desarrollando con clarividencia y energía sus más ambiciosos proyectos, ganándose en consecuencia el reconocimiento y la admiración de todos por su entrega y por su acierto.
La selección, en este caso, ya no responde a los mismos criterios que un criador aislado se pueda llegar a plantear. El juez, en calidad de director de Cría, debe intentar abstraerse de su propio tipo de perro –que sin duda tiene- para potenciar aspectos morfoestructurales, caracteriológicos, o de cualquier otra índole, que pueda ser necesario introducir en el conjunto de la población o bien tratar de erradicar aquellos otros caracteres manifiestos que resulten indeseados, desde un punto de vista objetivo y general. Habrá de intentar también contravenir su propia inclinación por una determinada rama del árbol genealógico de la raza – que será la que como criador haya cultivado o cultive- para mantener abiertas diferentes líneas de sangre y proponer nuevas alternativas, con objeto de ampliar el  “abanico” de posibilidades para la crianza. Procurará mantenerse firme en una idea, pero también sensible a las demandas sociales; y, por otra parte, habrá de convertirse en el más crítico analista de sus propias iniciativas, pues sus decisiones tendrán mucha mayor trascendencia y serán de suma responsabilidad. Cría y Selección son, pues, conceptos plenamente coincidentes en su finalidad para un criador, pero pueden divergir para un juez, como director de cría, porque los planteamientos son, y deben ser, totalmente diferentes en su caso.

Pero, para abordar la crianza como principiantes, es preciso conocer bien dos temas principales: 
1) La reproducción
2) La selección



CONSULTAR
 
LA CRÍA LA REPRODUCCIÓN LA SELECCIÓN LA CONSANGUINIDAD

VOLVER ATRAS