El
Pastor
Alemán es, sin duda alguna, el perro más completo
que existe. A sus extraordinarias cualidades anatómicas y psicológicas,
une un enorme “corazón” en todo lo que ha de llevar a cabo. Ésto
hace de él el perro más versátil de todos, capaz de
desarrollar casi cualquier tipo de tarea que se le quiera encomendar. Ágil
y rápido en su aprendizaje, tenaz y denodado en su desempeño,
con una alta capacidad de resolución propia ante las diversas
situaciones, inteligente, y fiel sin parangón hasta la muerte. Es
además bello, elegante, dotado de gran elasticidad y plasticidad;
fuerte, robusto y rústico; cariñoso, atento y el mejor
cómplice de los juegos de los niños.
Ha sido y es utilizado
en una enorme multiplicidad de cometidos: como perro guía de invidentes,
en tareas de búsqueda y salvamento, perro de avalanchas, antidrogas,
antiexplosivos, perro guardián, de defensa, de guerra, y por supuesto
como perro de pastoreo, atávico instinto que sigue conservando.
Pero de toda esta variedad
de funciones para las que puede ser enseñado y entrenado, en las
que demuestra una total eficacia, no destacaremos aquí ninguna de
ellas en especial. Del Pastor Alemán está ya casi todo dicho,
siendo de sobra conocidas sus gestas y hazañas, el sinnúmero
de servicios prestados a la humanidad y el benéfico papel que ha
rendido siempre a la sociedad.
Por el contrario, sí
que resaltaremos, de entre todas, ésa que pueda ser la más
simple, si se quiere, pero también su mejor y principal utilidad,
-ésa que casi nadie nunca se “acuerda” de señalar-, que es
la del Pastor Alemán como “perro de familia”. Su capacidad
de compartir con nosotros cada momento, adaptables a nuestras deseos, adivinadores
de nuestros cambios de humor, entregados y leales con todos y cada uno
de los miembros de esa familia con la que conviven, hacen que
se llegan a integrar en ella casi como “uno más”, y siempre dispuestos
a demostrar su afecto, apasionados por sus dueños.
Es en este
sentido en el que quizá pueden rendir el mayor beneficio para nosotros,
puesto que, de forma espontánea e instintiva, sin ningún
aprendizaje previo, exteriorizan siempre este tipo de comportamiento, ya
desde casi su más tierna “infancia”, desde muy cachorros. Por ésto,
puede que el Pastor Alemán sea directo portador de satisfacción
y de equilibrio emocional para tantas personas que participamos y disfrutamos
de su incomparable e impagable compañía.
Un perro de pastor alemán
es un ser capaz de “llenar” completamente una casa y nuestras
vidas, y éso -aunque haya de ser desgraciadamente así- se
hace notar, sobre todo, cuando llega el difícil y duro trance de
sufrir su ausencia.
El Pastor Alemán
es ese perro “hechicero”, capaz de deslumbrar por su apariencia, de maravillar
por su movimiento, de impactar por su inteligencia, de conmover con su
lealtad y amistad, de emocionar con sus reacciones, de demostrar una inusitada
inteligencia, y de recompensar sobradamente una brizna de cariño
que se le ofrezca.
Para mí -y
perdónenme los amantes de otras razas caninas- el Pastor
Alemán es el “Rey"
Miguel A.
Herrero
"El Abertal"
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